SEMANA 13
En nuestro grado tienes la opción de ser no presencial, por lo que estás exento de ir a clases, sin embargo en algunas asignaturas tienes que hacer algún trabajo. Por ello esta semana una alumna de nuestro grado no presencial no hizo una presentación acerca del libro Loczy, una insólita atención personal.
El instituto Lóczy, acogía niños desde el nacimiento hasta los 3 años aproximadamente por diferentes motivos: muerte de los padres, enfermedad, problemas con la familia, algún abandono… Y uno de los objetivos principales del centro de acogida era crear un entorno favorable para los más pequeños. En el momento en el que se escribió el libro, había 51 niños, los cuales eran cuidados por 23 educadoras. Estas eran las personas que estaban directamente al cargo de los niños, sus figuras de referencia, las cuales hacían turnos de 8 horas, por lo que cada niño, pasaba diariamente por 3 educadoras, siendo solamente una de ellas, figura de referencia principal.
En esta institución de Lóczy estaba todo medido ( con cierto margen de flexibilidad en el hacer, no en los objetivos) así que cuando una educadora se marchaba, se programa de tal manera que fuera lo menos brusco para el niño. Así como cuando se cambiaba a los niños de habitación, de espacio… Se hacía de la manera que menos pudiera interferir al niño. También había 4 ayudantes de educadora , que ayudaban pero no intervenían de manera directa con los niños. Además residían entre 4 y 6 nodrizas, que amamantaban a los bebés, no eran educadoras, vivían en la institución, la mayoría eran madres solteras. También estaban 2 enfermeras, 5 médicas y una maestra de educación infantil que atendía a los niños desde los 16 – 18 meses en el jardín de infancia que había dentro de la institución. Los niños acudían allí en pequeños grupos y en sesiones cortas, los más pequeños varios días por semana, los más mayores, a diario, 6 psicólogas, que hacían trabajo científico, de asesoría pedagógica a las educadoras…
El instituto, tenía 4 principios fundamentales:
-Valor de la actividad autónoma:
El propio niño o niña es el protagonista de su historia, cómo a través de su propia iniciativa descubre el mundo y para ellos es muy importante poner las situaciones adecuadas, pero no intervenir. Respetar sus ritmos (salvo en los casos de retraso importante), reconocer los logros de los niños y niñas verbalmente para que tome conciencia de sus avances, pero desde la distancia, de forma discreta, pero afectiva.
-Valor de la relación afectiva privilegiada e importancia de la forma particular que conviene darle en un marco institucional.
Las educadoras eran su figura de referencia, y se pretendía que estas fueran constantes a lo largo de su tiempo en la institución. Cada niño y niña, recibe una insólita atención personal a través de los cuidados personales (el baño, la comida…) en ese momento, la educadora se dedica exclusivamente a ese niño o niña, sin distracción, siendo toda para él. En el resto e momentos, se favorece la autonomía del niño o niña y el juego libre, aunque siempre tendrá a su educadora a la vista (a pesar de que esté atendiendo a otro, pero esto le dará seguridad).
El adulto sólo interviene de manera activa en 3 circunstancias: cuando el niño o noña se encuentra en una situación difícil, cuando hay una disputa o cuando se detectan signos de cansancio. Buscando a educadora una forma de devolver su bienestar, pero no entrometiéndose en su actividad.
-Necesidad de favorecer en el niño o niña la toma de conciencia de sí mismo y de su entorno
Esto se consigue sobre todo en las atenciones personalizadas cotidianas: la alimentación, el baño, el cambio de pañal, el vestir, el desvestir y los exámenes médicos.
Los gestos de las educadoras hacia los niños y niñas son delicados, buscando su colaboración, dejando atrás lo cómodo para el adulto. Durante todo el tiempo, la educadora habla al niño, explicándole lo que hace, con un tono uniforme, no muy fuerte… Se les explica a los niños y niñas los objetos que se va a utilizar en cada momento… Hay una forma particular de cogerlos: llamándolos, buscando su mirada, tendiendo los brazos… igual que para dejarlos de nuevo en la cama o en el parque. Siempre buscando la participación del niño o niña sea cual sea su edad.
Todas estas atenciones se realizan en orden, un niño tras otro, siempre en el mismo orden. Puede parecer rígido, pero ese orden da estabilidad a los niños siendo capaces de anticipar lo que va a suceder y por otro lado, no es un orden arbitrario, sino que se efectúa en función de los ritmos observados en cada niño. Respetando sus momentos de juego, sueño… Permitiendo que unos niños duerman mientras otros juegan y mientras otros son atendidos y evitando de este modo, tiempos de espera innecesarios por parte de los niños.
-Importancia de un buen estado de salud
Se recogen informaciones diarias sobre cada niño o niña, que analizan los médicos, y de esta manera, poder personalizar las atenciones.
Como dato curioso, cuando un niño está enfermo es cuidado dentro de su grupo, ya que como si de una unidad familiar se tratase, cuando el niño está enfermo necesita más que nunca a su cuidadora y su entorno.
La vida en al aire libre cobra gran importancia, las terrazas, el jardín es utilizada al máximo siempre que el tiempo lo permite. Durante medio año, pasan los días enteros prácticamente en el exterior. Todos, desde las 4 semanas de edad, duermen la siesta en el exterior hasta a 10º bajo cero, y los mayores salen a pasear a diario y están en el exterior un máximo de 2 horas haga el tiempo que haga.
También son importantes las actividades que implican otras relaciones sociales diferentes a la que establecen con su educadora: la asistencia al jardín de infancia, los paseos y salidas fuera de la institución, las fiestas de cumpleaños…De forma que los niños amplíen su abanico de relaciones, tengan nuevas experiencias y rompan con la monotonía cotidiana.
Como resumen, en Lóczy sentaron unas bases muy importantes que crearon un cambio en la forma de ver a los niños y niñas criados en institución:
-Aunque la relación afectiva nunca pueda compararse con la dada en el seno familiar, pretendieron crear un a relación privilegiada entre niños y educadoras. Mediante las actividades de atención individualizada, el niño podía gozar de una atención exclusiva para él.
-Los niños siempre se trataban como personas, no como objetos: explicándoles las cosas, hablándoles, mirándolos a los ojos, tomándolos con suavidad, desde recién nacidos hasta los más mayores.
-Preservaron el desarrollo psicomotor e intelectual: a través del movimiento libre, el juego libre… evitaron el retraso psicomotor típico de los niños criados en colectividad. Pero estos avances sólo tienen sentido y muestran verdaderos avances si se acompaña de un adecuado desarrollo afectivo.
A continuación os dejo una película que vimos en clase acerca de este tema:

No hay comentarios:
Publicar un comentario